De príncipes y princesas; los estereotipos de género mitificados

“Los héroes y las heroínas siguen siendo los mismos: mujeres y hombres heterosexuales que tras luchar contra una serie de obstáculos, logran reunirse con su amado o amada. Ellos son de una manera y ellas son diferentes, de modo que se complementan a la perfección”.

Coral Herrera, Los Sueños de Haika.

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¿ Cuántos cuentos nos contamos cada día? No es necesario que sean leídos, tampoco escuchados. Basta con enchufar la televisión, poner la radio o tararear una canción. Ahí están: el príncipe y la princesa. Cada uno en su lugar, en el que le corresponde por su rol de género. Bien limitado. Sin opción a dudas.

A través de las películas, las canciones, los libros, etc… asumimos lo normal y lo natural, aprendemos a ser hombres y a ser mujeres y a relacionarnos bajo unas pautas muy determinadas por costumbres, prohibiciones o creencias de la sociedad a la que pertenecemos.

Mediante la estructura heteropatriarcal se sustenta un sistema dual que alimenta los estereotipos de género mitificados. En otras palabras, os presento al príncipe y a su princesa.

Las princesas, mujeres que se relacionan con lo femenino desde la debilidad, la vulnerabilidad, el miedo y la sumisión, esperan en sus castillos a ese príncipe que las salvará de la catástrofe que supone la soledad. Solo la unión con el príncipe a su llegada las hará mujeres completas.

Por supuesto, las princesas no pueden esperar la venida del héroe entre risas, felicidad, locuras o deseo. Deben esperarlo desde la necesidad, la quietud, la impaciencia y el miedo. ¿Qué príncipe que se precie va a querer una princesa Linda, Libre y Loca? Eso se lo dejamos a “las malas del cuento”

Mujer malvada que disfruta pasionalmente del sexo, que atrae a los hombre por su encanto e inteligencia, pero que a pesar de todo esto nunca será elegida por el príncipe para pedirle matrimonio. Son peligrosas. Mujeres libres que piensan y deciden. Cuidado con ellas.

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El príncipe, por el contrario, es la parte activa de esta historia. Un hombre libre, valiente, astuto y fuerte. Figura salvadora que antepone su vida ante su honor.
Tiene la obligación siempre de cuidar a la princesa desde su halo de protección y hombría. Cuantos más problemas tenga la princesa, “más azul seré y más se recordará mi historia”.

De esta manera, el amor es el resultado de una lucha, una aventura de gran riesgo, donde solo hay un protagonista activo y una protagonista que espera, pasiva, la llegada del Hombre prometido.
Esta visión del amor, alimentado directamente por el sistema, la sociedad y la cultura que nos envuelve, genera expectativas que nos destrozan al no verlas cumplidas. Cuando no sucede, y en el cuento no acabamos comiendo perdices, nuestro miedo al no y nuestra nula capacidad de frustración nos envuelven en penas y tristezas ante la promesa no cumplida.

Pero, ¿quién nos hizo esa promesa? El amor es una potente fabrica de sueños imposibles.

Adoptamos roles que nos permiten tener una seguridad porque nos proyectan en la figura de esa persona que conocemos, esos príncipes y princesas que siempre acaban con finales felices. Pero, esos roles nos condenan a ser quienes no somos y a parecer lo que no nos gusta ser. “Estas etiquetas nos dan una seguridad pero nos quitan libertad para reivindicarnos, para cambiar, para evolucionar o aprender nuevas formas de relacionarnos”. (Coral Herrera)

25813_1_no_me_cuentes_cuentosDesnaturalizan las identidades y cortan las alas de nuestra verdadera libertad. Las relaciones socio-afectivas se ven seriamente atentadas por estas estructuras sociales que dominan nuestro pensamiento a la hora de Amar. Cierran otras posibilidades a la sexualidad, a el Amor o a distintos tipos de pareja(s) o unión(es).

Gran alimento a su vez, de la dependencia emocional. Hace que siempre necesitemos a otra persona a nuestro lado, porque nos sentimos incompletxs ¿Qué sería del cuento del príncipe sin una princesa a la que salvar? Y la princesa, ¿qué haría esperando tanto tiempo si el príncipe no fuera a llegar nunca? La bella durmiente espero hasta 100 años. Y el príncipe llegó. Será cuestión de esperar.

Debemos vivir una vida consciente, también y por supuesto en nuestras relaciones afectivas y con nuestra sexualidad. Escribir nuestra propia historia, siguiendo nuestras normas y rodeados de aquellos seres que deseamos estén en nuestro cuento. Sin príncipes. Sin princesas. Ni ranas a quien besar.

Colorín colorado, esta historia… ha empezado <3

libertad

 

Eva Perea López

Coach y Terapeuta personal
Responsable de Proyectos y Formación de la AVSP

 

 

 

 

 

 

 

Autora: Eva Perea

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